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  Sirviendo para siempre

Las personas de edad avanzada nos llevan ventaja porque ya fueron jóvenes, pero no podemos garantizar que los jóvenes lleguen a viejos. Así que envejecer es un privilegio, especialmente si hemos servido al Señor.

Las cosas evolucionan con el tiempo, y el cambio en la pasión por nuestro Dios debe reflejarse en más compromiso, nunca en menos, porque Él siempre ha estado para nosotros, Su gracia nos levanta cuando pecamos y no se cansa de hacerlo, así que no hay razón para que nosotros digamos que nos cansamos de servirlo. Él ha salvado tu vida, a tu familia y tu economía, así que tu pasión por servirlo debe renovarse cada día, sin importar cuántos años tengas o hace cuánto que estás a Su lado.

Nuestro cuerpo se desgasta y envejece, pero nuestro interior se renueva todos los días cuando vivimos para Dios3. Esfuérzate, no permitas que el cansancio te derrote. Cuando actuamos con la actitud correcta, Dios compensa nuestro desgaste y nos renueva para continuar. Sin importar la edad que tengas, los mejores años de tu vida para servirlo no han pasado, Él te ha entrenado y te activará para trabajar en Su ministerio. Nuestro cuerpo se agotará sin importar lo que decidamos hacer, así que lo mejor es que se desgaste sirviendo al Señor. Si nos agotamos, que sea liberando y sanando a las personas. Jesús dijo que quien pone la mano en el arado y vuelve la vista no es digno de ser Su discípulo. Él es exigente, nos pide la vida misma y merece que se la demos, porque no hay nada más glorioso que vivir y morir por nuestro Señor.  Síguelo y obedécele porque Él es quien manda.

No hay excusa válida para dejar de servir a Dios. Si lo habías abandonado y quieres volver, no sientas vergüenza porque Él te recibe con los brazos abiertos. Ponte a cuentas con el Señor y sírvele. Dale gracias porque te ha llamado, renueva tu compromiso con Sus hijos, deja el pasado atrás y extiéndete, con pasión y entusiasmo, a lo que está por delante.

El Salmo 37:25 afirma: Joven fui, y he envejecido, y no he visto justo desamparado, ni simiente que mendigue pan.

2 El Salmo 71:17-18 también asegura: Oh Dios, me enseñaste desde mi juventud, y hasta ahora he manifestado tus maravillas. Aun en la vejez y las canas, oh Dios, no me desampares, hasta que anuncie tu poder a la posteridad, ?y tu potencia a todos los que han de venir.


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